Leer más Reservado para suscriptoresRETRATO - La filósofa, figura de la izquierda republicana y objetivo de los movimientos feministas radicales y despertados, acaba de ser elegida miembro de la Academia Francesa. Trece votos de los 21 emitidos. El jueves, la Academia Francesa dio la bienvenida a una nueva Inmortal: Sylviane Agacinski. Una consagración inesperada. Unas elecciones que se producen tras varias elecciones en blanco para cubrir el escaño ocupado por Jean-Loup Dabadie. La filósofa, que anunció su candidatura el mes pasado, nunca buscó este foco de atención, o lo hizo de manera moderada. Siempre prefirió el estudio y el trabajo solitario a los anuncios televisivos. Pero ella sabe que, en Francia, ingresar a la Academia merece reconocimiento. Reconocimiento a su labor como filósofo, apegado a la lengua francesa, apegado a Francia en definitiva. Reconocimiento, también, a su labor como filósofo para quien rigor y exigencia no son palabras vacías. datos-script=https://static.lefigaro.fr/widget-video/short-ttl/video/index.js>
Lea también Sylviane Agacinski, centinela de la bioética Esta elección es también la recompensa de una forma de valentía. El de una mujer que a algunos les parecía, no hace mucho, una representación un tanto caricaturizada… Este artículo está reservado para los suscriptores. Te queda un 88% por descubrir.
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RETRATO - La filósofa, figura de la izquierda republicana y objetivo de movimientos feministas radicales y despertados, acaba de ser elegida miembro de la Academia Francesa.
Trece votos de los 21 emitidos. El jueves, la Academia Francesa dio la bienvenida a una nueva Siempreviva: Sylviane Agacinski. Una consagración inesperada. Unas elecciones que se producen tras varias elecciones en blanco para cubrir el escaño ocupado por Jean-Loup Dabadie.
La filósofa, que anunció su candidatura el mes pasado, nunca buscó este foco de atención, o lo hizo de manera moderada. Siempre prefirió el estudio y el trabajo solitario a los anuncios televisivos. Pero ella lo sabe, en Francia, entrar a la academia merece reconocimiento. Reconocimiento a su labor como filósofo, apegado a la lengua francesa, apegado a Francia en definitiva. Reconocimiento, también, a su labor como filósofo para quien rigor y exigencia no son palabras vacías.
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Para leer tambiénSylviane Agacinski, centinela de la bioética
Esta elección es también la recompensa a una forma de valentía. La de una mujer que a algunos les parecía, no hace mucho, una representación un tanto caricaturizada...
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