El wokismo es definitivamente el idiota útil del capitalismo y su preservación. Al amparo de un pensamiento pseudorrevolucionario que por caridad presta atención a las minorías –pero ojo: agrupadas, las mayorías; asociados, en cohortes, en legiones alineadas de dos en dos para un futuro mejor – asistimos al surgimiento de una consignación de la vida política alimentada por referencias listas para ser comprendidas que apuntan a no alterar el sistema (que sería la característica de una ideología revolucionario) sino más bien proponer una versión diluida, simplificada para permitir que todos aquellos que, anteriormente en los márgenes y listos para rebelarse, encuentren su lugar en el centro del sistema capitalista renovado, en un mecanismo inclusivo que no tiene como objetivo final que complacer a todos y desacreditar a la mayoría política para permitir que “todos” se sientan mejor en el sistema.
Ah, sentirse mejor en el sistema: ¡es una buena idea para evitar el fracaso! No hay más protestas posibles en un mundo inclusivo. No más rivalidades, no más amarres: sino individuos perpetuamente satisfechos con su estado de consumo.

Ahí lo tienes: Auchan tuvo su semana del vino; Lidl, su mes de la cocina al vapor por menos de 100 euros y el IEP de Grenoble, ya a la vanguardia, se lanzan al mes decolonial. Nada menos.
Un mes entero, todo descolonial.
Porque los otros once meses del año lo vimos: no había nada decolonial.
¡No!
Lo prometo, lo juro: el informe de la Inspección General, las acusaciones infundadas de islamofobia, las insinuaciones de “no hay humo sin fuego” eran 100% no descoloniales. Pero ahí: el mes descolonial, veremos lo que veremos. Finalmente podremos expresarnos.
Descolonicemos las artes, el conocimiento, el derecho, las mujeres, las especies, las identidades, los pueblos, la política... La to-ta-le, todos patrocinados por cacoquimas que, habiéndose beneficiado bien del viejo sistema, gastan silenciosamente las llaves a sus secuaces de la generación emergente. Porque así es como funciona la asignación de identidad: sobre la perpetuación del destino y el establecimiento de un nuevo tipo de aristocracia. Naces como eres y sigues siendo lo que el destino te ha ofrecido. Ésta es la cuestión del pacto capitalista fáustico que está en juego ante nuestros ojos: una sociedad inclusiva, sí, y en la que todos sean libres de consumir lo que son. Pero con una condición: nunca cambiar de casta.