Informes de influencia y de descrédito. Hacer y deshacer las normas de...

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Tribuna de los observadores

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Informes de influencia y de descrédito. Hacer y deshacer las normas de...

Leer másEn todo el mundo, desde la década de 2000, la noción de “influencia” (e “influencer”) ha surgido con la explosión de las redes sociales. Ampliamente utilizada en marketing y ganando terreno paulatinamente en múltiples esferas, la influencia, que consiste en "atraer a una audiencia a las propias opiniones", tiende "a modificar las disposiciones de la persona influenciada con respecto a una situación presente o a eventos futuros en los que es probable que participe" (Bremond, 1970, p. 60), no es una actividad nueva. Con la aparición de los blogs, la actividad de influencia se popularizó y luego se profesionalizó bajo el efecto de una ampliación de audiencias y gracias al apoyo de las agencias de publicidad (“Digital influencer”, Wikipedia, 2022). Fue entonces, con el auge de las redes sociales digitales y del teléfono inteligente, que el término “influencer” se generalizó en la década de 2010 (id.). Los ámbitos de influencia son numerosos y abarcan desde los temas más prosaicos (belleza, deporte, moda, viajes, etc.) hasta los más comprometidos (movimientos feministas, interseccionales, “bodypositivistas”, antiespecistas, veganos, etc.). Dependiendo del ámbito, las personas influyentes están más representadas según su género, clase, edad o “raza” y más o menos legitimadas en términos de estas categorías. Desde un punto de vista socioeconómico, la cuestión de la valoración se vuelve tanto más significativa cuanto que los influencers buscan remunerar su actividad (o tienen la necesidad de hacerlo), incluso si esta última se constituye inicialmente como un proyecto valioso esencialmente simbólico. y otros lo profesionalizan estrictamente. Sin embargo, si la noción de influencia y sus derivados surgieron bajo la influencia del marketing, un cierto número de profesionales o actores sociales despliegan una actividad de “influencia” con la intención de sensibilizar o movilizar una causa según una perspectiva más o menos afirmada de cambio social. Lábil, la noción misma de “influencia” merece ser cuestionada y discutida. De hecho, se trata de relaciones de poder y fenómenos jerárquicos: la influencia estaría del lado del marketing y portador de valores neoliberales (Brown, 2018), cuando los del periodismo o el activismo se asociarían a valores de carácter más humanista. y compromiso intelectualista. Así, algunas áreas o “causas” de influencia serían más nobles que otras. Todo sugiere que las relaciones de poder se desarrollan y reproducen a todos los niveles: en la forma en que las personas se posicionan, por ejemplo entre quienes se presentan como influencers desde una supuesta perspectiva comercial (promocionando un producto, una marca...), y quienes dicen ser periodistas. , activistas o activistas y rechazando así tal designación para distanciar cualquier dimensión económica. Esto se encontraría en las estrategias de posicionamiento, más o menos expuestas a diversos mandatos normativos, y por tanto en la forma en que estas personas se desempeñan y realizan la actividad que desarrollan, pero también en la forma en que dominan (y se apropian) de las relaciones socio-sociales. dispositivos técnicos y su lógica socioeconómica. Desde una perspectiva transnacional, socioeconómica e interseccional (Quemener, 2020), el desafío de este expediente es cuestionar las relaciones de reducción que se desarrollan en el mundo de la “influencia” respecto de las limitaciones que rigen las estrategias de valorización y la lógica algorítmica. . Tomando nota de las estrategias económicas que se encuentran, y a veces incluso se esconden detrás de la actividad de influencia y de las limitaciones específicas de las cuestiones de valorización, la cuestión es doble: por un lado, se trata de cuestionar la forma en que se desarrollan las relaciones de minoría, es decir las relaciones sociales de género, raza, clase o edad, etc. contribuyen a “estructurar” los contenidos; por otro, se trata de cuestionar el papel desempeñado por los influencers tanto en la renovación como en la deconstrucción de las normas y categorías dominantes (de género, raciales o generacionales, etc.), teniendo en cuenta las industrias digitales, la especificidad de las plataformas y las lógicas algorítmicas, percibidas como otros tantos agentes en el socavamiento o la renovación de estos estándares (Garlick, 2020). Por lo tanto, podemos plantearnos la cuestión de las características sociodemográficas o socioculturales asociadas a los influencers, aunque este “papel” ya no esté reservado hoy a los humanos (ver p. ex. Lil Miquela: https://www.instagram.com/lilmiquela/). ¿En qué medida estas características contribuyen a trastocar o no determinadas normas hegemónicas, en términos de género, edad, clase o raza, etc.? Dependiendo de los contextos socioculturales y económicos sui generis, ¿los géneros, las clases, las “razas”, las edades, las “discapacidades” o los orígenes étnicos favorecen, o incluso establecen, la posición del influencer en un campo particular y viceversa? ¿Hasta qué punto determinadas afiliaciones sociodemográficas pueden desempeñar un papel en determinadas áreas de influencia? ¿Existe una correlación entre las características sociodemográficas de los influencers y su esfera de influencia? ¿Qué lugar ocupan las personas minorizadas y en qué esferas de influencia? ¿Pertenecer a una minoría puede constituir un privilegio epistémico o, por el contrario, una fuente de injusticia epistémica y perjudicar ipso facto las estrategias de influencia? ¿Hasta qué punto no se podría “aprovechar” una deficiencia, una desventaja o un estigma… para crear una “marca registrada” y establecer notoriedad (Bourdeloie, 2021)? Por el contrario, ¿las minorías serían excluidas de facto de ciertas esferas porque son estigmatizadas por su género, cuerpo, clase, etnia o edad dominados? ¿En qué medida el impulso de determinados ámbitos está condicionado por el género, el sexo, la clase, la raza, la edad o la orientación sexual, etc.? ¿Hasta qué punto ciertas “esferas” están imbuidas de estereotipos de género…? ¿Hasta qué punto observamos una distribución social, racial y de género basada en los temas y tipos de contenido o creaciones que contienen las cuentas? ¿Cómo se reproducen en estos espacios las normas sociales que se (re)realizan o subvierten? ¿Hasta qué punto pueden existir brechas salariales basadas en criterios como sexo/género, raza o edad, etc.? ? ¿Qué estrategias socioeconómicas están surgiendo detrás de las cuestiones del reconocimiento simbólico, la movilización social o el activismo? Muchos actores socioeconómicos quedan atrapados e interactúan en la cadena de producción/difusión/consumo (Bullich y Schmitt, 2019) de vídeos online (creadores, plataformas, marcas, anunciantes, intermediarios en la compra de seguidores o suscriptores, e incluso hoy “influencers”). escuelas”1), también podemos preguntarnos cómo se posicionan los influencers en esta cadena de cooperación de actores, y las limitaciones que enfrentan en la lógica de valorización de sus producciones, según su(s) categoría(s) de pertenencia, reivindicadas o no. En este sentido, las limitaciones pueden verse como la dificultad -o por el contrario la mayor facilidad- de ser visibles según la posición social y discursiva adoptada a la luz de un campo sociocultural representado y valorado. Te invitamos a abordar estas cuestiones a través de tres ejes: Eje 1. Representación de las personas minoritarias y desempeño En Francia y a nivel internacional (Mullen, 2020), se dice que el universo de influencia en las redes sociales es predominantemente femenino (75% de influencers) y joven (29 años en promedio), aunque la edad varía según el plataforma (Reech, 2020): en Instagram, el 84% de los influencers son mujeres (Buxton, 2017; Statista, 2019), pero están infrarrepresentadas en redes sociales como YouTube (Wotanis y McMillan, 2014). Esta diferencia podría explicarse en particular por la forma de presentarse, ya que los hombres se presentan como creadores más que como influencers (Grey Ellis, 2019). En el mundo de la influencia, las mujeres sufren un trato desigual en términos de ingresos (Klear, 2019), aunque también aquí esta observación debe matizarse en función de la plataforma (Buxton, 2017). Las influencers ganan de media un 31% menos que los hombres por pareja (Aubert, 2019), mientras que la brecha salarial es, según el INSEE, del 18,5%. Los estudios incluso muestran que los sectores tienden a favorecer a los influencers en función de su género (ibid.). Además, parece que los comentarios generados por los vídeos producidos serían más negativos cuando los vídeos provienen de mujeres, particularmente en YouTube (Wotanis y McMillian, 2014, p. 924), aunque esta observación también debe matizarse en función de las actividades de influencia: los comentarios serían negativos cuando las mujeres resaltan su sexualidad pero no cuando se ajustan a las normas de género que se les asignan (Döring y Rohangis, 2017). En cualquier caso, estas desigualdades reflejarían sistemas de poder más profundos y jerarquías estructurales arraigadas (Gill, 2014; Brooke y Hund, 2019). Por lo tanto, aquí podemos cuestionar la “identidad” reivindicada y asignada a los influencers en una relación interseccional. ¿Quiénes son? ¿En qué medida las actividades influyentes o creativas se asignan a un género, raza o edad…? ¿Qué pasa con las personas o personalidades no binarias? ¿En qué medida están representadas las personas desfavorecidas (trances, discapacitados, etc.)? ¿Y en qué áreas de influencia? ¿Hasta qué punto sus actuaciones normalizan lo que la sociedad ve como “estigma”? ¿Cómo está condicionado o no el compromiso con una causa por las filiaciones demográficas y socioculturales…? Eje 2. Renovación y deconstrucción de normas y categorías dominantes Las plataformas digitales son lugares donde se producen y reproducen normas de género hegemónicas, pero también constituyen áreas de resistencia (Quemener, 2020) y deconstrucción. Ambos están invertidos en actuaciones de género que confirman ciertos estereotipos (Allard, 2019; Balleys, 2016) y en lógicas que apuntan a subvertir estas normas de género hegemónicas (Quemener, 2015). Algunas personalidades influyentes, menores de edad, cuentan con el apoyo de marcas que ven en cuerpos que alteran el género -aunque cumplan con los cánones estéticos- beneficios comerciales, como el modelo saudí negro Ziad al-Mesfer2 o Fabian3, influencer del maquillaje en las redes sociales. Con el surgimiento de las redes sociodigitales, se han multiplicado los relatos activistas vinculados a los feminismos y cuestiones relacionadas con ellos (misoginoir, interseccionalidad, raza, domesticidad, cuerpo, etc.). Propicio para el activismo (Blandin, 2017), Internet ha dado lugar a nuevas reivindicaciones feministas (Frau-Meigs, 2018) impulsadas por las lógicas técnicas de estas plataformas (Jouët, 2022, p. 161). Podríamos así interrogarnos sobre los sentidos y los efectos de estos activismos que, apoyándose en la creación individual, el talento expresivo y los dispositivos sociodigitales, producen performances (Jouët, 2022) que promueven el autoculto y alimentan la ideología neoliberal (Ehrenberg, 1991; Jouët, 2022, p. 173). Finalmente, podríamos preguntarnos hasta qué punto las subversiones o renovaciones de las normas dominantes no ocultan problemas de monetización, pero también hasta qué punto estas actuaciones contribuyen a “rehacer” el género. Eje 3. En busca de visibilidad: influencers y lógica algorítmica Las mencionadas “plataformas” en las que los influencers despliegan sus actividades son a la vez dispositivos sociotécnicos y agentes de intermediación digital. Estos últimos capturan parte del valor generado por esta conexión, al tiempo que definen los términos de estos intercambios y compromisos. Por lo tanto, las plataformas conllevan ciertas “limitaciones” (Agamben, 2014; Bullich, 2021; Mattelart, 2020) que guían las estrategias de visibilidad (Bouquillion, 2020) de sus usuarios-contribuyentes. Al hacerlo, podríamos preguntarnos hasta qué punto estos dispositivos no participan en la reproducción de las normas sociales dominantes, al influir en la forma en que los influencers ajustan sus creaciones según el conocimiento que tienen de estas dinámicas. Los algoritmos que operan en plataformas han estado durante mucho tiempo en el centro de este tipo de pensamiento que trata sobre el "sesgo algorítmico". Nick Seaver los señaló en relación con la carrera en torno al infame ejemplo de “Jacky Alcine” (2018), o incluso Etlyn J. Kenny y Rory Donnelly (2020) y Susan Leavy (2018) en relación al género. Podríamos cuestionar la forma en que los influencers construyen, potencialmente colectivamente, conocimiento sobre estas lógicas algorítmicas para integrarlas en su estrategia de visibilidad en las plataformas. El enfoque metodológico desarrollado por Sophie Bishop a partir de lo que ella llama “chismes algorítmicos” (2019) nos parece en este sentido heurístico en el sentido de que busca captar la gestión estratégica de la visibilidad algorítmica como fuente de conocimiento sobre los algoritmos. Este enfoque permite así comprender “las estrategias utilizadas por los creadores de contenidos para negociar y mantener su visibilidad en YouTube”, y así revelar “cómo las percepciones de los algoritmos informan [a cambio] la producción de contenidos” (id.)4. La naturaleza opaca y cambiante de los algoritmos imposibilita conocer con certeza los motivos por los que un contenido se promociona o no y gana visibilidad, ¿no podríamos considerar lo que Sophie Bishop llama “chisme” (como “conocimiento común y socialmente informado sobre algoritmos y visibilidad”) como una herramienta relevante para analizar más ampliamente “la forma en que la gestión de riesgos influye en la racionalización de la producción cultural” (ibid.)? Más allá de una “fetichización” de los algoritmos, este tipo de método de investigación nos invita a mirar la forma en que este conocimiento, fruto de interacciones y socializaciones específicas, influye en los estándares de producción así como en las dinámicas de reproducción de las normas sociales. Envío de una propuesta de artículo Las propuestas de artículos deben tener entre 1 y 200 palabras (bibliografía no incluida). Presentarán el título, el problema, la metodología, incluyendo la base empírica utilizada y los principales resultados. La propuesta debe ser anónima. El autor indicará su nombre, institución y datos de contacto directamente en el correo electrónico. Envíen sus propuestas por correo electrónico a los dos coordinadores: Hélène BOURDELOİE: Helene.Bourdeloie@univ-Paris13.fr Alix BÉNISTANT: alix.benistant@univ-paris13.fr antes del 14 de junio de 2023. La recepción de cada propuesta dará lugar a un acuse de recibo por correo electrónico. Calendario 20 de marzo de 2023 Convocatoria de contribuciones 14 de junio de 2023 Fecha límite para el envío de propuestas de artículos. Las propuestas serán evaluadas por el comité científico en cuanto a su pertinencia con el expediente temático y su calidad científica. 28 de junio de 2023 Notificación de aceptación o rechazo de propuestas 1 de noviembre de 2023 Los autores aceptados envían sus artículos completos directamente a la revista. Comunicación: revue.communication@com.ulaval.ca. La extensión del artículo final, si la propuesta es aceptada, será de 40.000 a 60.000 caracteres, sin incluir espacios (esto incluye notas pero excluye la bibliografía). Siga las pautas editoriales de la revista http://journals.openedition.org/communication/6159. Cada artículo será evaluado doble ciego por un comité de lectura independiente. El comité coordinador en consulta con el equipo editorial de la revista Comunicación decidirá, a la luz de las evaluaciones, si lo acepta tal como está, solicita modificaciones o lo rechaza. 24 de enero de 2024 Volver a los autores del artículo 27 de marzo de 2024 Envío de la nueva versión del artículo directamente a la revista Comunicación: revue.communication@com.ulaval.ca. El comité de coordinación comprobará si las modificaciones realizadas cumplen con las recomendaciones del comité de lectura independiente. 17 de abril de 2024 Volver a los autores sobre la nueva versión. Mayo a julio de 2024 Revisión lingüística y devolución a los autores para validación y autorización de publicación Verano 2024 Publicación Comité científico Camille ALLOING (UQAM), Sébastien APPIOTTI (Celsa – Universidad de la Sorbona), Romain BADOUARD (Universidad de París Panthéon-Assas), Claire BLANDIN ( Universidad Sorbonne Paris Nord), Hélène BREDA (Université Sorbonne Paris Nord), Lucile COQUELIN (Université Paris 8 Vincennes en Saint-Denis), Alexandre COUTANT (UQAM), Lucie DELIAS (Université Paul Valéry – Montpellier 3), Sophie JEHEL (Université Paris 8 Vincennes en Saint-Denis), Tristan MATTELART (Universidad París Panthéon – Assas), Julien MESENGEAU (Universidad de Lille), Céline MORIN (Universidad París Nanterre), Nelly QUEMENER (Celsa – Universidad Sorbona), Louis WIART (Universidad Libre de Bruselas ). Bibliografía AGAMBEN Giorgio (2014), ¿Qué es un dispositivo?, París, Rivages, Poche. 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Principio de página Notas 1 En junio de 2022, se lanzó Ambaza, una “escuela” que se presenta como una “primera formación para convertirse en un influencer”: https://ambaza.com/. 2 AFP (2022), “En Arabia Saudita, el modelo masculino que revoluciona los géneros”, TVA Nouvelles, 17 de abril, https://www.tvanouvelles.ca/2022/04/17/en-arabie-aoudite-lhomme - modelo-que-revoluciona-los-géneros. 3 Simone Media, “Fabian, make-up influencer, lucha contra los estereotipos de género”, simone story, Youtube, https://www.youtube.com/watch?v=6e8iPKgu2Bs, página consultada el 17 de marzo de 2023. 4 citas traducidas del inglés por nosotros.

En todo el mundo, desde la década de 2000, la noción de “influencia” (e “influencer”) ha surgido con la explosión de las redes sociales. Ampliamente utilizada en marketing y ganando progresivamente múltiples esferas, la influencia, que consiste en “atraer a una audiencia a las propias opiniones”, y tiende a “modificar las disposiciones de la persona influenciada con respecto a una situación presente o a acontecimientos futuros en los que es probable participar” (Bremond, 1970, p. 60), no es una actividad nueva. Con la aparición de los blogs, la actividad de influencia se popularizó y luego se profesionalizó bajo el efecto de una ampliación de audiencias y gracias al apoyo de las agencias de publicidad (“Digital influencer”, Wikipedia, 2022). Fue entonces con el auge de las redes sociales digitales y los teléfonos inteligentes que el término “influencer” se generalizó en la década de 2010 (id.)

Las áreas de influencia son numerosas y van desde los temas más prosaicos (belleza, deporte, moda, viajes, etc.) hasta los más comprometidos (movimientos feministas, interseccionales, “bodypositivistas”, antiespecistas, veganos, etc.). Dependiendo del ámbito, las personas influyentes están más representadas según su género, clase, edad o “raza” y más o menos legitimadas en términos de estas categorías. Desde un punto de vista socioeconómico, la cuestión de la valoración se vuelve tanto más significativa cuanto que los influencers buscan remunerar su actividad (o tienen la necesidad de hacerlo), incluso si esta última se constituye inicialmente como un proyecto valioso esencialmente simbólico. y otros lo profesionalizan estrictamente. Sin embargo, si la noción de influencia y sus derivados surgieron bajo la influencia del marketing, un cierto número de profesionales o actores sociales despliegan una actividad de “influencia” con la intención de sensibilizar o movilizar una causa según una perspectiva más o menos afirmada de cambio social. Lábil, la noción misma de “influencia” merece ser cuestionada y discutida.

De hecho, se trata de relaciones de poder y fenómenos jerárquicos: la influencia estaría del lado del marketing y portador de valores neoliberales (Brown, 2018), cuando los del periodismo o el activismo se asociarían a valores de carácter más humanista. y compromiso intelectualista. Así, algunas áreas o “causas” de influencia serían más nobles que otras. Todo sugiere que las relaciones de poder se desarrollan y reproducen a todos los niveles: en la forma en que las personas se posicionan, por ejemplo entre quienes se presentan como influencers desde una supuesta perspectiva comercial (promocionando un producto, una marca...), y quienes dicen ser periodistas. , activistas o activistas y rechazando así tal designación para distanciar cualquier dimensión económica. Esto se encontraría en las estrategias de posicionamiento, más o menos expuestas a diversos mandatos normativos, y por tanto en la forma en que estas personas se desempeñan y realizan la actividad que desarrollan, pero también en la forma en que dominan (y se apropian) de las relaciones socio-sociales. dispositivos técnicos y su lógica socioeconómica.

Desde una perspectiva transnacional, socioeconómica e interseccional (Quemener, 2020), el desafío de este expediente es cuestionar las relaciones de reducción que se desarrollan en el mundo de la “influencia” respecto de las limitaciones que rigen las estrategias de valorización y la lógica algorítmica. . Tomando nota de las estrategias económicas que se encuentran, y a veces incluso se esconden detrás de la actividad de influencia y de las limitaciones específicas de las cuestiones de valorización, la cuestión es doble: por un lado, se trata de cuestionar la forma en que se desarrollan las relaciones de minoría, es decir las relaciones sociales de género, raza, clase o edad, etc. contribuyen a “estructurar” los contenidos; por otro, se trata de cuestionar el papel desempeñado por los influencers tanto en la renovación como en la deconstrucción de las normas y categorías dominantes (de género, raciales o generacionales, etc.), teniendo en cuenta las industrias digitales, la especificidad de las plataformas y las lógicas algorítmicas, percibidas como otros tantos agentes en el socavamiento o la renovación de estos estándares (Garlick, 2020). Por lo tanto, podemos plantearnos la cuestión de las características sociodemográficas o socioculturales asociadas a los influencers, aunque este “papel” ya no esté reservado hoy a los humanos (ver, por ejemplo, Lil Miquela: https://www.instagram.com/lilmiquela/).

¿En qué medida estas características contribuyen a alterar o no ciertas normas hegemónicas, en términos de género, edad, clase o raza, etc.? Dependiendo de los contextos socioculturales y económicos sui generis, ¿los géneros, las clases, las “razas”, las edades, las “discapacidades” o los orígenes étnicos favorecen, o incluso establecen, la posición del influencer en un campo particular y viceversa? ¿Hasta qué punto determinadas afiliaciones sociodemográficas pueden desempeñar un papel en determinadas áreas de influencia? ¿Existe una correlación entre las características sociodemográficas de los influencers y su esfera de influencia? ¿Qué lugar ocupan las personas minorizadas y en qué esferas de influencia? ¿Pertenecer a una minoría puede constituir un privilegio epistémico o, por el contrario, una fuente de injusticia epistémica y perjudicar ipso facto las estrategias de influencia? ¿Hasta qué punto no se podría “aprovechar” una deficiencia, una desventaja o un estigma… para crear una “marca registrada” y establecer notoriedad (Bourdeloie, 2021)? Por el contrario, ¿las minorías serían excluidas de facto de ciertas esferas porque son estigmatizadas por su género, cuerpo, clase, etnia o edad dominados? ¿En qué medida el impulso de determinados ámbitos está condicionado por el género, el sexo, la clase, la raza, la edad o la orientación sexual, etc.? ¿Hasta qué punto ciertas “esferas” están imbuidas de estereotipos de género…? ¿Hasta qué punto observamos una distribución social, racial y de género basada en los temas y tipos de contenido o creaciones que contienen las cuentas? ¿Cómo se reproducen en estos espacios las normas sociales que se (re)realizan o subvierten? ¿Hasta qué punto pueden producirse diferencias salariales en función del sexo/género, la raza o la edad, etc.? ? ¿Qué estrategias socioeconómicas están surgiendo detrás de las cuestiones del reconocimiento simbólico, la movilización social o el activismo?

Muchos actores socioeconómicos quedan atrapados e interactúan en la cadena de producción/difusión/consumo (Bullich y Schmitt, 2019) de vídeos online (creadores, plataformas, marcas, anunciantes, intermediarios en la compra de seguidores o suscriptores, y hoy incluso “influencers”). escuelas”1), también podemos preguntarnos cómo se posicionan los influencers en esta cadena de cooperación de actores, y las limitaciones que enfrentan en la lógica de promoción de sus producciones, dependiendo de su(s) categoría(s) de pertenencia, reivindicadas o no. En este sentido, las limitaciones pueden verse como la dificultad -o por el contrario la mayor facilidad- de ser visibles según la posición social y discursiva adoptada a la luz de un campo sociocultural representado y valorado.

Te invitamos a abordar estas preguntas a través de tres ejes:

Eje 1. Representación de personas minorizadas y actuaciones

En Francia y a nivel internacional (Mullen, 2020), el mundo de la influencia en las redes sociales es predominantemente femenino (75% influencers) y joven (29 años de media), aunque la edad varía según las plataformas (Reech, 2020): En Instagram, el 84% de los influencers son mujeres (Buxton, 2017; Statista, 2019), pero están infrarrepresentadas en redes sociales como YouTube (Wotanis y McMillan, 2014). Esta diferencia podría explicarse en particular por la forma de presentarse, ya que los hombres se presentan como creadores más que como influencers (Grey Ellis, 2019). En el mundo de la influencia, las mujeres sufren un trato desigual en términos de ingresos (Klear, 2019), aunque también aquí esta observación debe matizarse en función de la plataforma (Buxton, 2017). Las influencers ganan de media un 31% menos que los hombres por pareja (Aubert, 2019), mientras que la brecha salarial es, según el INSEE, del 18,5%. Los estudios incluso muestran que los sectores tienden a favorecer a los influencers en función de su género (ibid.). Más allá de eso, parece que los comentarios generados por los vídeos producidos serían más negativos cuando los vídeos provienen de mujeres, particularmente en YouTube (Wotanis y McMillian, 2014, p. 924), aunque esta observación también debe matizarse en función de la actividades de influencia: los comentarios serían negativos cuando las mujeres resaltan su sexualidad pero no cuando se ajustan a las normas de género que les asignan (Döring y Rohangis, 2017).

En cualquier caso, estas desigualdades reflejarían sistemas de poder más profundos y jerarquías estructurales arraigadas (Gill, 2014; Brooke y Hund, 2019). Por lo tanto, aquí podemos cuestionar la “identidad” reivindicada y asignada a los influencers en una relación interseccional. ¿Quiénes son? ¿En qué medida las actividades influyentes o creativas se asignan a un género, raza o edad…? ¿Qué pasa con las personas o personalidades no binarias? ¿En qué medida están representadas las personas desfavorecidas (trances, discapacitados, etc.)? ¿Y en qué áreas de influencia? ¿Hasta qué punto sus actuaciones normalizan lo que la sociedad ve como “estigma”? ¿Cómo está condicionado o no el compromiso con una causa por las filiaciones demográficas y socioculturales…?

Eje 2. Renovación y deconstrucción de normas y categorías dominantes

Las plataformas digitales son lugares donde se producen y reproducen normas de género hegemónicas, pero también constituyen áreas de resistencia (Quemener, 2020) y deconstrucción. Ambos están invertidos en actuaciones de género que confirman ciertos estereotipos (Allard, 2019; Balleys, 2016) y en lógicas que apuntan a subvertir estas normas de género hegemónicas (Quemener, 2015). Minoritariamente, algunas personalidades influyentes son apoyadas por marcas que ven en cuerpos que perturban el género - incluso respondiendo a cánones estéticos - beneficios comerciales, a la manera del modelo negro saudí Ziad al-Mesfer.2 o fabián3, influencer de maquillaje en redes sociales.

Con el surgimiento de las redes sociodigitales, se han multiplicado los relatos activistas vinculados a los feminismos y cuestiones relacionadas con ellos (misoginoir, interseccionalidad, raza, domesticidad, cuerpo, etc.). Propicio al activismo (Blandin, 2017), Internet ha dado lugar a nuevas demandas feministas (Frau-Meigs, 2018) impulsadas por la lógica técnica de estas plataformas (Jouët, 2022, p. 161). Podríamos así cuestionar los significados y efectos de estos activismos que, apoyándose en la creación individual, el talento expresivo y los dispositivos sociodigitales, producen performances (Jouët, 2022) que promueven el culto a uno mismo y alimentan la ideología neoliberal (Ehrenberg, 1991; Jouët , 2022, pág. Finalmente, podríamos preguntarnos hasta qué punto las subversiones o renovaciones de las normas dominantes no ocultan problemas de monetización, pero también hasta qué punto estas actuaciones contribuyen a “rehacer” el género.

Eje 3. En busca de visibilidad: influencers y lógica algorítmica

Las mencionadas “plataformas” en las que los influencers despliegan sus actividades son a la vez dispositivos sociotécnicos y agentes de intermediación digital. Estos últimos capturan parte del valor generado por esta conexión, al tiempo que definen los términos de estos intercambios y compromisos. Por lo tanto, las plataformas conllevan ciertas “limitaciones” (Agamben, 2014; Bullich, 2021; Mattelart, 2020) que guían las estrategias de visibilidad (Bouquillion, 2020) de sus usuarios-contribuyentes.

Al hacerlo, podríamos preguntarnos hasta qué punto estos dispositivos no participan en la reproducción de las normas sociales dominantes, al influir en la forma en que los influencers ajustan sus creaciones según el conocimiento que tienen de estas dinámicas. Los algoritmos que operan en plataformas han estado durante mucho tiempo en el centro de este tipo de pensamiento que trata sobre el "sesgo algorítmico". Nick Seaver los señaló en relación con la raza en torno al infame ejemplo de “Jacky Alcine” (2018), o incluso Etlyn J. Kenny y Rory Donnelly (2020) y Susan Leavy (2018) en relación al género. Podríamos cuestionar la forma en que los influencers construyen, potencialmente colectivamente, conocimiento sobre estas lógicas algorítmicas para integrarlas en su estrategia de visibilidad en las plataformas.

El enfoque metodológico desarrollado por Sophie Bishop a partir de lo que ella llama “chismes algorítmicos” (2019) nos parece en este sentido heurístico en el sentido de que busca captar la gestión estratégica de la visibilidad algorítmica como fuente de conocimiento sobre los algoritmos. Este enfoque permite así comprender “las estrategias utilizadas por los creadores de contenidos para negociar y mantener su visibilidad en YouTube”, y así revelar “cómo las percepciones de los algoritmos informan [a cambio] la producción de contenidos” (id.)4 . La naturaleza opaca y cambiante de los algoritmos imposibilita conocer con certeza los motivos por los que un contenido se promociona o no y gana visibilidad, ¿no podríamos considerar lo que Sophie Bishop llama “chisme” (como “conocimiento común y socialmente informado sobre algoritmos y visibilidad”) como una herramienta relevante para analizar más ampliamente “la forma en que la gestión de riesgos influye en la racionalización de la producción cultural” (ibid.)? Más allá de una “fetichización” de los algoritmos, este tipo de método de investigación nos invita a mirar la forma en que este conocimiento, fruto de interacciones y socializaciones específicas, influye en los estándares de producción así como en las dinámicas de reproducción de las normas sociales.

Presentar una propuesta de artículo

Las propuestas de artículos deben tener entre 1 y 200 palabras (bibliografía no incluida). Presentarán el título, el problema, la metodología, incluyendo las bases empíricas utilizadas y los principales resultados.

La propuesta debe ser anónima. El autor indicará su nombre, institución y datos de contacto directamente en el correo electrónico.

Envíen sus propuestas por correo electrónico a los dos coordinadores:

Hélène BOURDELOİE: Helene.Bourdeloie@univ-Paris13.fr Alix BENISTANTE: alix.benistant@univ-paris13.fr

antes del 14 de junio de 2023.

La recepción de cada propuesta dará lugar a un acuse de recibo por correo electrónico.

Calendario

20 de marzo de 2023 Convocatoria de contribuciones

14 de junio de 2023 Fecha límite para el envío de propuestas de artículos. Las propuestas serán evaluadas por el comité científico en cuanto a su relevancia para el expediente temático y su calidad científica.

28 de junio de 2023 Notificación de aceptación o rechazo de propuestas

1 de noviembre de 2023 Los autores aceptados envían sus artículos completos directamente a la revista Comunicación: revue.communication@com.ulaval.ca. La extensión del artículo final, si se acepta la propuesta, será de 40 a 000 caracteres, sin incluir espacios (esto incluye notas pero excluye la bibliografía). Siga las pautas editoriales de la revista. http://journals.openedition.org/communication/6159.

Cada artículo será evaluado a doble ciego por un comité de lectura independiente. El comité coordinador en consulta con el equipo editorial de la revista Comunicación decidirá, a la luz de las evaluaciones, si lo acepta tal como está, solicita modificaciones o lo rechaza.

24 de enero de 2024 Volver a los autores del artículo

27 de marzo de 2024 Envío de la nueva versión del artículo directamente a la revista Comunicación: revue.communication@com.ulaval.ca. El comité de coordinación comprobará si las modificaciones realizadas cumplen con las recomendaciones del comité de lectura independiente.

17 de abril de 2024 Volver a los autores sobre la nueva versión.

Mayo a julio 2024 Revisión lingüística y devolución a los autores para su validación y autorización de publicación.

Publicación verano 2024

Comité Científico

Camille ALLOING (UQAM), Sébastien APPIOTTI (Celsa – Universidad Sorbona), Romain BADOUARD (Universidad París Panthéon-Assas), Claire BLANDIN (Universidad Sorbona París Norte), Hélène BREDA (Universidad Sorbona París Norte), Lucile COQUELIN (Universidad París 8 Vincennes de Saint-Denis), Alexandre COUTANT (UQAM), Lucie DELIAS (Universidad Paul Valéry – Montpellier 3), Sophie JEHEL (Universidad Paris 8 Vincennes en Saint-Denis), Tristan MATTELART (Universidad Paris Panthéon – Assas), Julien MESENGEAU (Universidad de Lille), Céline MORIN (Universidad París Nanterre), Nelly QUEMENER (Celsa – Universidad Sorbona), Louis WIART (Universidad Libre de Bruselas).

bibliografía

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Arriba de la página

Notas

1 En junio de 2022 se lanzó Ambaza, una “escuela” que se presenta como una “primera formación para convertirse en influencer”: https://ambaza.com/.

2 AFP (2022), “En Arabia Saudita, el modelo masculino que revoluciona los géneros”, TVA Nouvelles, 17 de abril, https://www.tvanouvelles.ca/2022/04/17/en-arabie-aoudite-lhomme-mannequin-qui- sacudir los géneros.

3 Simone Media, “Fabian, influencer del maquillaje, lucha contra los estereotipos de género”, simone story, Youtube, https://www.youtube.com/watch?v=6e8iPKgu2Bs, página consultada el 17 de marzo de 2023.

4 Citas traducidas del inglés por nosotros.

 

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