ESSEC: La gestión inclusiva llevada al extremo del absurdo.

ESSEC: La gestión inclusiva llevada al extremo del absurdo.

Colectivo

Tribuna de los observadores
La última comunicación interna de la escuela es una obra maestra en su género. Con la solemnidad propia de los grandes rituales de gestión, nos enteramos de que ESSEC ha decidido dar un paso decisivo en la historia de la humanidad: integrar la designación F/H/X+ en sus ofertas de empleo.

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ESSEC: La gestión inclusiva llevada al extremo del absurdo.

Anteriormente, las mejores escuelas de negocios formaban directivos capaces de interpretar un balance, comprender el mercado, implementar una estrategia e incluso, en ocasiones, generar riqueza. En ESSEC, claramente, están innovando: ahora forman mentes… pero mentes que se gestionan.

La última comunicación interna de la escuela es una obra maestra en su género. Con la solemnidad temblorosa de las grandes ceremonias directivas, nos enteramos de que ESSEC ha decidido dar un paso decisivo en la historia de la humanidad: integrar la mención F/M/X+ en sus ofertas de empleo.

El capitalismo inclusivo ha encontrado así su fórmula mágica. Anteriormente, se reclutaban habilidades. Ahora, se destaca la virtud tipográfica. La adición de un X+ Se convierte en un acto de valentía institucional, una especie de plan estratégico en tres fases. Uno ya puede imaginarse a los candidatos abrumados: por fin, una escuela donde se les puede evaluar no solo por su expediente académico, sino en un entorno cuidadosamente seleccionado por el departamento de Recursos Humanos.

Pero ESSEC no se detiene ahí. También pretende... institucionalizar el Mes del OrgulloLa palabra es espléndida. Institucionalizar. En otras palabras: finalmente, conformidad anual, con calendario, botones, módulo Moodle y comunicación específica. Junio ​​se convierte así en el mes obligatorio de espontaneidad estructurada, al estilo woke.

Porque existe la plataforma Moodle. Claro. La conciencia contemporánea se expresa a través de módulos. Hacemos clic. Ya no debatimos: seguimos un curso de formación. Ya no nos reunimos con gente: aprendemos los «reflejos correctos». Todo esto, naturalmente, en esa jerga lamentable y deprimente donde nunca decimos realmente lo que hacemos. En cambio: «abrimos espacios», «fomentamos la reflexión» y «logramos un progreso duradero para la colectividad».

Se alcanza la cima con su nuevo POP HRIS, que ahora integra el nombre de uso y "identidad de género", para reflejar mejor "la realidad de cada uno". ¿Cada uno, en serio? ¿Y qué hay de "cada uno", "cada uno" o "cada talento autoidentificado en su potencial inclusivo"? ¿No? ¿Descartado? ¿Demasiado complicado después de todo? Incluso la Neolengua a veces tiene su mojigatería.

Y para colmo, la escuela anuncia su selección de contenidos: lecturas, artículos, podcasts, un glosario, una guía para aliados, una guía AGIR y la serie Teale para "desarrollar la tolerancia". La tolerancia se está convirtiendo así en un producto de formación continua. Una habilidad blanda. Una insignia de RRHH. Un elemento de sensibilización. Quizás pronto una frase en LinkedIn: "Tolerancia de nivel intermedio: certificación ESSEC". Desde luego, no voy a superar el nivel A del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER), punto.

Lo más llamativo no es que ESSEC hable de inclusión. Una institución puede reiterar que rechaza la discriminación y respeta a las personas. Lo contrario sería un delito. Pero, ¿por qué montar semejante espectáculo? Todo empieza como una farsa y termina en tragedia: es la transformación de la igualdad en teatro burocrático, de la libertad individual en protocolo, del respeto en mera pose, de la diversidad humana (la auténtica, la única que importa, pero que en realidad no caracteriza al alumnado de ESSEC) en un simple conjunto de herramientas de comunicación. Creíamos que las escuelas de negocios debían aprender a distinguir la realidad de la ficción. ESSEC nos demuestra que ha optado por la ficción en lugar de la realidad.

¿Ser progresista conlleva la ruina?

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