Hollywood estaba en trance. Los Césares ya estaban temblando. ¡Eso es todo! Una transexual arrasará con todos los premios a mejor actriz. Como si para la ocasión no se hubiera fundido una estatuilla hermafrodita para los Oscar. El círculo íntimo estadounidense, lleno de moralismo, se vengó después de la bofetada electoral. ¡Ah! Estos paletos, esta población sin educación que no ha entendido nada sobre todo incluido ! ¿Tiene la interseccionalidad un problema con la gente? Debemos considerar la disolución del pueblo.
Ya había recibido la Palma de Oro en Cannes, pero ¡esta vez es la guinda del pastel! Este muchacho, o, perdón, este gascón, metió la pata (recalentada, claro). ¡Chocar! La exhumación de viejos tuits fue suficiente para romper el ícono… y exponer las contradicciones de la conciencia política. ¿Qué gasconadas se atrevió a cometer nuestra Karla Sofía? Nada menos que comentarios considerados racistas y, un delito mayor, islamófobos (una bonita confusión de raza y religión). No contenta con revelar que "el mártir negro" George Floyd era "un drogadicto y un delincuente", se burló de la foto de una mujer completamente velada, declarando que "el Islam [era] maravilloso, carente de cualquier machismo". Y, al final del mensaje, que se estaba "convirtiendo en un foco de infección para la humanidad que necesita ser tratado urgentemente". Tocar !
Inmediatamente, el musical Emilia Pérez dio paso a la danza de los hipócritas. La infame Karla Sofía había vuelto a ser Carlos (no como la terrorista pagada por los islamistas y venerada por los idiotas más extremos del islamoizquierdismo... sino un Carlos odiado). Netflix ha ido allí cancelación de la estrella, estrella fugaz. El director Jacques Audiard –ciertamente no en nombre de su difunto padre, sino más bien del espíritu santo (o del pecho) de César– ha repudiado valientemente a su actriz estrella. La película, que había recibido 13 nominaciones, había perdido todas las posibilidades en los Oscar. Trece en la mesa: no busques más a Judas. Haciéndole caso omiso, fue su compañera femenina, Zoé Saldana, quien ganó el Oscar a Mejor Actriz de Reparto. N / A ! Y para los César, todo para Audiard, Gascón en el armario.
Esta bufonada es sobre todo un símbolo de la incoherencia inherente a las teorías interseccionales. Judith Butler, la gran sacerdotisa del género, ya nos había dado un ejemplo flagrante de ello al combinar el antirracismo abierto, el racialismo afirmado y el antisemitismo patente. Naufragio intelectual nauseabundo. Los activistas trans-afirmativos que imponen cursos de “reeducación”, excluyendo a los homosexuales de sus asociaciones LGBTQIA+++ (nunca podremos enfatizar lo suficiente lo absurdo de esta amalgama de siglas) cuando no los atacan llamándolos “terfs”, también nos han ilustrado sobre los errores e inconsistencias del wokeismo. ¿Y qué decir de la estupidez de estos mismos activistas que se manifiestan en apoyo de Hamás... cuando su esperanza de vida sería extremadamente limitada si tuvieran la –mala– idea de poner un pie en la Franja de Gaza?
¿Qué recordar de esta tragicomedia gascona? Así que aquí está, esta conciencia que nació, alcanzó una cima, cruzó el umbral del ridículo. ¡Esperemos que se retire y se encoja hasta convertirse en un pequeño excremento y finalmente se deshaga de la historia!