Universidad Estatal de San José – Elizabeth Weiss, antropóloga física y profesora emérita de la Universidad Estatal de San José, a pesar de sí misma encarna la controversia que sacude a la antropología. Con cerca de 70 artículos científicos y siete trabajos publicados, este especialista en restos óseos se encuentra hoy en el centro de un debate que combina ciencia, políticas de identidad y libertad académica. Ella accedió a responder a nuestras preguntas durante una entrevista en vídeo (subtitulada en francés) que encontrará aquí:
Su último libro, On the Warpath: My Battles with Indians, Pretendians, and Woke Warriors, analiza su lucha contra la creciente politización de su disciplina. “Los huesos nos permiten reconstruir la vida de personas del pasado, antes de que pudieran dejar constancia escrita. Pero estamos perdiendo estos datos esenciales en nombre de una ideología identitaria”, afirma. Según Weiss, las leyes estadounidenses para la repatriación de restos humanos, aunque inicialmente se limitaban a colecciones con vínculos claros con tribus modernas, ahora se están aplicando de manera distorsionada. "Algunos restos, de miles de años de antigüedad, están siendo devueltos a tribus con las que no tienen ninguna conexión demostrada".
Ciencia versus ideología identitaria
El antropólogo también señala una profunda transformación de su disciplina, antes anclada en el rigor científico. Denuncia una tendencia a subordinar los hechos a historias culturales o religiosas. “Hoy en día, si una tribu afirma que le pertenece un esqueleto de 10 años, su historia gana, aunque el ADN demuestre lo contrario”, lamenta.
Esta confrontación alcanza a veces límites absurdos. Weiss describe cómo algunos museos, bajo presión, ahora se niegan a exhibir restos humanos o incluso radiografías. “Terminamos censurando imágenes de huesos en publicaciones científicas, con el pretexto de que podrían herir sensibilidades. Es como un retroceso a los días en que la anatomía humana era un tabú”.
Una disciplina fragmentada
Más allá de estas controversias, Elizabeth Weiss critica una evolución más amplia: “La antropología se ha convertido en un estudio del yo. Muchos investigadores jóvenes utilizan la disciplina para explorar sus propias identidades o servir a agendas políticas. Esto no tiene nada que ver con una investigación rigurosa sobre la humanidad”.
Esta deriva, según ella, no concierne sólo a la antropología cultural, a menudo criticada por su laxitud metodológica, sino que se extiende a la antropología física y a la arqueología. Incluso figuras respetadas como Napoléon Chagnon, famoso por su trabajo sobre los yanomami, han sido atacadas por conclusiones consideradas políticamente incorrectas.
El precio del coraje
Weiss pagó cara su oposición. En 2020, después de ser coautora de Repatriation and Erasing the Past, un libro crítico sobre la repatriación de restos humanos, fue blanco de una campaña de cancelación. Su universidad restringió su acceso a las colecciones que había estudiado durante dos décadas y sus compañeros la condenaron al ostracismo. “Incluso cerraron con llave las habitaciones donde trabajaba y me acusaron de profanar creencias sagradas”.
El futuro incierto de la antropología
“Estamos perdiendo ciencia”, advierte Weiss, que ve esta politización como una amenaza existencial. “Cuando los restos son enterrados o destruidos, cuando los museos censuran sus exposiciones, no queda nada que estudiar. A diferencia de otras disciplinas, una vez que los datos antropológicos se pierden, no se pueden recrear”.
Sin embargo, Elizabeth Weiss sigue apegada a la idea de una antropología anclada en la ciencia y la exploración del pasado. Pero su testimonio, que opone el rigor científico a las afirmaciones de identidad, sugiere un futuro incierto para una disciplina en busca de significado.